Mi primer M&A: el cliente casi repite un error de RD$2.2 millones

Mi primer M&A: el cliente casi repite un error de RD$2.2 millones

Llevo varios días queriendo contar esta historia.

Fue mi primer caso grande de M&A. Me contactó la gerente de una empresa del sector construcción que buscaba adquirir a un competidor importante. Tienen ese ojo de empresario para detectar oportunidades, ¿verdad? Ven una empresa que funciona en su misma industria, la valúan y piensan: “Esto sería perfecto para expandir nuestras operaciones.”

Nos llamaron para presentarles nuestra estrategia de adquisición. Fuimos a sus oficinas —estando presentes el presidente de la empresa, la gerente y la información preliminar que habían recolectado— y les presentamos el plan completo para ejecutar la compraventa:

• Revisión de estructura societaria y gobierno corporativo • Análisis laboral (comprar una empresa es comprar sus obligaciones con su gente) • Licencias, regulaciones y propiedad intelectual • Cumplimiento fiscal y auditoría de contratos principales • Verificación de contingencias legales con acompañamiento financiero • Estrategia de integración al grupo empresarial

Una estrategia 360°. Todo lo que tiene que funcionar para que al cierre no aparezca un fantasma.

Este tipo de transacciones constan de cinco fases. La Debida Diligencia es la Fase 2 —la más importante y, por alguna razón, la que muchos quieren saltarse.

«En las transacciones de M&A, el paso que intentas saltarte hoy es la piedra con la que te tropezarás mañana. La metodología no es opcional, es protección.»

El presidente nos escuchó, tomó notas y al terminar nos dijo: “Sí, está bien, pero miren, eso no lo vamos a hacer todavía. Ya pedimos algunos documentos, les ponemos precio, firmamos y cerramos.”

Sabía que querían ir a la velocidad de un parpadeo. Pero lo que muchos olvidan es que lo que hoy te ahorras en el proceso, lo pagas en el cierre.

Le dijimos firmemente que no podíamos proceder así. Que un proceso acelerado los expondría a contingencias legales, conflictos impositivos o pasivos laborales ocultos. De esos que descubres cuando ya no hay marcha atrás.

En ese momento, el presidente se quedó en silencio… y vino la confesión.

Un año atrás habían adquirido otra empresa. Sin debida diligencia.

Tomaron un contrato de compraventa genérico que tenían guardado (un modelo descargado de internet), lo adaptaron, firmaron, pagaron y pensaron: “¡Transacción cerrada, abran el champagne!”

Seis meses después llegó el fantasma: una contingencia fiscal. La DGII auditó a la empresa adquirida y determinó impuestos pendientes por RD$700,000.00.

Al reclamarle a los vendedores, estos se lavaron las manos. ¿Y adivinen qué? No había cláusula alguna que previera esta contingencia ni porcentaje del precio retenido (escrow) para cubrir sorpresas. Mientras intentaban batallar la deuda legalmente, los intereses y recargos se fueron multiplicando exponencialmente.

Pasaron 8 meses. 10 meses. Un año. Hoy esa contingencia supera los RD$2.2 millones.

Los vendedores continúan negados a pagar alegando que “el contrato no lo especificaba”. Y tienen razón: no lo especificaba porque nunca se hizo la debida diligencia. Nadie sabía que la deuda estaba ahí.

Mientras tanto, los demás socios siguen preguntando por qué la adquisición de hace un año aún no cierra formalmente.

Y ahí, en esa oficina, el presidente lo entendió: estaban a punto de cometer exactamente el mismo error por segunda vez.

Volví a resaltar los 13 frentes que íbamos a revisar (laboral, fiscal, financiero, contractual, propiedad intelectual, activos, seguros, regulatorio, entre otros) y le dije: “Esto no es un trámite formal. Es lo que evita que te vuelva a pasar lo de hace un año.”

Esta vez sí escucharon.

Cuando alguien te pregunte por qué la debida diligencia es tan importante, piensa en esto:

No es un escalón innecesario ni costoso. Es la diferencia entre descubrir un problema antes de firmar o heredarlo después. Es la diferencia entre una contingencia de RD$2.2 millones que puedes negociar a tiempo (y sacar ventaja), versus una sorpresa de RD$2.2 millones que se adhiere a tu empresa y de la cual no hay marcha atrás.

A todo empresario que esté pensando en comprar o vender: no se salten pasos por acelerar el cierre. El dinero que “ahorras” hoy en prevención, mañana lo terminarás pagando multiplicado en litigios, contingencias post-cierre, afectaciones al flujo de caja y dolores de cabeza con los demás socios del negocio.

La debida diligencia bien ejecutada no paraliza las transacciones; les traza una ruta clara, libre de riesgos ocultos y con destino a puerto seguro.

Y en tu empresa, ¿cómo manejan las oportunidades? ¿Son de los que aceleran a fondo por no ‘perder tiempo’, o de los que construyen la estrategia para no perder dinero?

Cuéntame en los comentarios. 👇

Atentamente,

Rey Guerrero

Abogado Corporativo

(Algunos datos fueron modificados para proteger la identidad y confidencialidad del cliente).

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